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Plantó un viñedo en pandemia y llegaron sus primeras reseñas

Wednesday, June 24, 2026

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Seis años después de plantar un viñedo que ningún contador habría aprobado, una enóloga sudafricana recibe sus primeras reseñas. Nunca lo hizo por el vino.

No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos.

Gálatas 6:9

Cuando el mundo se detuvo en 2020, Natasha Jacka tenía veintisiete años y estudiaba enología cerca de Ciudad del Cabo, hasta que la pandemia redujo su vida a los límites del jardín de sus padres. Se asomó a una ventana e imaginó vides allí. Luego las plantó, más de mil a mano, cada una sostenida con una estaca en dos pequeñas parcelas del terreno. Seis años después, el vino de ese jardín ha recibido sus primeras reseñas serias, y el crítico que se las dio llamó al proyecto entero un triunfo de la esperanza por encima del buen juicio.

No lo decía solo por amabilidad. Un viñedo tan pequeño no puede dar ganancias, y el buen vino es duro de producir. Por cualquier cálculo razonable, era una insensatez intentarlo. Jacka lo sabía mejor que nadie. Yo no lo veía como algo que me iba a hacer rica, dijo. Esto es un acto de amor.

Hay una línea en una de las cartas de Pablo sobre no cansarnos de hacer el bien, porque la cosecha llega a su tiempo si no desmayamos. Es fácil oírla como la promesa de que el esfuerzo siempre rinde. Las líneas que la rodean son más serenas. El bien vale la pena por sí mismo, y lo que da fruto corre en un reloj que no es nuestro. Aquellos cuatro años callados de cuidar las vides no fueron el precio que ella pagó por el vino. Fueron el amor mismo, tomándose su tiempo.

Casi todo lo que vale la pena no se defiende en una hoja de cálculo. Un matrimonio, un oficio, un hijo criado, una fe guardada. Lo plantas porque lo amas, en una estación que no elegiste, y si llega una cosecha, llega más como gracia que como salario. Las reseñas son buenas ahora. Nunca fueron la razón.

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