Una revuelta que une a izquierda y derecha está serrando las cámaras lectoras de matrículas de Flock por todo el país. La pregunta que subyace a la ira es quién guarda las grabaciones, y por qué.
Los ojos de Jehová están en todo lugar, mirando a los malos y a los buenos.
Proverbios 15:3
A finales de julio de 2026 la resistencia se volvió física. En Troy, Nueva York, una cámara cayó bajo una sierra. En Oakland lanzaron pintura contra otra; en Idaho, una tercera fue embestida por un camión. El 30 de julio, CNN contabilizó una ola de actos vandálicos y contratos cancelados por todo el país. En Verona, Wisconsin, después de que el concejo votara dejar de usarlas, la empresa le pidió al pueblo que no retirara las cámaras y admitió no estar segura de poder apagarlas a distancia. Así que el pueblo cubrió las lentes con bolsas de basura.
Flock Safety opera 120,000 cámaras en 49 estados y registra decenas de miles de millones de datos al mes. Lo extraño es la coalición que las está derribando. Conservadores constitucionalistas y progresistas, gente que no coincide en casi nada, cancelan contratos en Fort Collins, Eugene, Madison y Knoxville. Esta no es una pelea sobre el crimen, y tampoco es una pelea sobre la tecnología.
El malestar tiene pruebas debajo. Una investigación de 404 Media documentó a agentes que usaban la red para rastrear a exparejas, una puerta trasera dejada abierta para el ICE y una búsqueda que siguió el rastro de una mujer que había interrumpido su propio embarazo. Una herramienta vendida para recuperar autos robados se había convertido en una forma de localizar personas.
La Escritura no se inquieta ante un ojo que lo ve todo. Retrata una mirada presente en todo lugar, que vela por igual sobre el bueno y el malvado, y la llama consuelo. Todo el peso recae en el verbo. Esa mirada guarda. Protege el lindero de la viuda y señala al tramposo junto a la balanza. Llenar todo lugar, sin embargo, es un alcance que el texto pone en manos de un solo dueño.
Jeremías 23:24 lo dice así: «¿Se ocultará alguno, dice Jehová, en escondrijos que yo no lo vea? ¿No lleno yo, dice Jehová, el cielo y la tierra?».
Cada uno de nosotros anhela ser visto de verdad y teme ser vigilado, y esas dos cosas no se oponen. Lo que las separa es quién guarda el registro, y por qué. Un ojo que te vigila para cuidarte puede sostener tu vida entera. A un ojo que te vigila para controlarte no se le debe confiar tu matrícula.