De niño, Monty Roberts vio a su padre ensangrentar caballos hasta someterlos. Dedicó su vida a demostrar que esos mismos animales preferían acercarse a él por voluntad propia.
No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos.
Zacarías 4:6
Monty Roberts aprendió primero el método antiguo. Su padre domaba caballos tal como la palabra sugiere, atándolos y castigándolos hasta que el miedo hacía lo que el miedo hace. Un potro que se resistía era un potro al que aún no habían lastimado lo suficiente. Roberts lo presenció todo de niño en Salinas y concluyó que su padre estaba equivocado.
Encontró su propio método en el desierto. De adolescente pasó horas entre los mustangs salvajes de Sierra Nevada y aprendió su gramática: la oreja girada, la cabeza baja, el movimiento de la boca que anuncia que hay una tregua sobre la mesa. El caballo es un animal de huida. Para una criatura hecha para correr, nada es más cruel que ser expulsada y dejada sola, y Roberts construyó todo su oficio sobre ese único hecho.
Lo llamó join up. Alejaba al caballo con el lenguaje corporal directo que el animal ya entendía, luego se quedaba quieto y lo dejaba elegir volver. El consentimiento no se podía arrebatar. Tenía que ofrecerse: una oreja que gira hacia él, la cabeza que baja, el animal que se acerca por sus propias patas.
La reina Isabel II lo vio trabajar en 1989 y se convirtió en su gran defensora. El libro que ella lo animó a escribir vendió millones de ejemplares.
Nada de esto era blando. Ahuyentar a un caballo también es poder, y la espera que exigía era su propia forma de trabajo duro. Roberts sencillamente rechazó el atajo que su padre adoraba.
A todos nos entregan ese atajo tarde o temprano, sobre un hijo, un empleado, cualquiera más pequeño o asustado. Doblegar es más rápido que esperar a que una oreja gire. Roberts dedicó toda una vida a la diferencia entre una criatura que te obedece y una que ha aceptado hacerlo, y la mayoría pasamos años sin preguntarnos cuál de las dos hemos estado recibiendo de las personas que están bajo nuestra mano.