Los ejecutivos compraron un cuento que les permitió dejar de contar trabajadores
Monday, July 13, 2026
Una encuesta de KPMG de julio de 2026 halló líderes desconcertados por las facturas de la IA. La torre a medio construir nunca fue un error de presupuesto. Fue un atajo que nadie revisó.
Porque ¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla?
Lucas 14:28
El 3 de julio, KPMG publicó una encuesta a 2.145 ejecutivos de veinte países, y las cifras se leen como una confesión. El veintinueve por ciento admitió que no tiene idea de dónde salen sus costos de IA, que no paran de crecer. Otro tercio, más o menos, dijo que su propia confusión era justo lo que frenaba el despliegue. Los proveedores habían cambiado sin ruido de tarifas fijas a precios por uso, y ahora el taxímetro corre en proyectos que nadie entendió del todo.
Sería fácil archivar esto bajo el rótulo de la prudencia y seguir adelante. Siéntate, haz las cuentas, ahórrate el bochorno. El versículo casi le queda demasiado pulcro al momento.
Pero al constructor del relato no lo hunde la mala aritmética. Lo hunde la fantasía que se saltó la aritmética por completo, y la torre queda a medio terminar a la vista de todos. Esa es la forma de esta historia. El encanto del atajo nunca fue de verdad el ahorro. Era el permiso para tratar a las personas como una partida que podías poner en cero antes de comprobar si la herramienta podía de hecho hacer su trabajo.
Pensamiento mágico, lo llamó un redactor de Futurism. La magia no era que la IA fuera gratis. La magia era que podías dejar de valorar a los humanos de la nómina y nadie te pasaría una factura por eso.
La factura llegó igual. Siempre llega. Lo que debería inquietarnos no es el susto del precio, sino con qué avidez toda una generación de líderes se creyó un cuento cuyo único encanto era permitirles apartar la mirada de la gente que tenían enfrente.